Kleos-23.07.2015-ES
Legal23 julio, 2015

La crisis de la abogacía

¿Los abogados? Trabajan demasiado. En el marco de un proyecto de investigación impulsado por la Fundación Wolters Kluwer, diferentes profesionales del mundo de la abogacía reconocían que su jornada laboral se prolongaba con frecuencia por encima de las sesenta y cinco horas semanales. Muchos abogados mencionan situaciones en las que la suma de las horas laborales ha superado el número de ochenta. Para todos ellos trabajar durante el fin de semana es la norma y disfrutar de un día de descanso o de un domingo sin trabajo es la excepción.

La percepción, después de un buen número de entrevistas, es que los abogados españoles sienten que tienen que trabajar mucho más para ganar lo mismo o incluso un poco menos. Hay varios factores de tipo socioeconómico que pueden explicar esta situación. Primero, la crisis económica, que ha empujado a casi toda la sociedad española a recortar gastos: las empresas y los profesionales independientes se han visto obligados a congelar o reducir las tarifas para seguir siendo competitivos.

Esta forma nueva de variación tarifaria ha coincidido con un aumento notable de la litigiosidad en España: el número de asuntos civiles que se han llevado a los tribunales se ha prácticamente triplicado desde el año 2000. Sí, es cierto que los españoles no tienen una imagen muy positiva de la justicia de su país, sin embargo también es cierto que cada vez acuden más a ella para obtener amparo. Por otra parte, más allá de los datos sobre la litigiosidad y el número de abogados activos, existen otros factores más profundos que están transformando el escenario de la abogacía española y cuyas consecuencias se harán más palpables a largo plazo.


El primer aspecto clave es la falta de relevo generacional. Los abogados recién licenciados prefieren trabajar en grandes bufetes y empresas de consultoría. Esto se debe a varios motivos. Por una parte, el mercado laboral sigue siendo excesivamente rígido, lo que dificulta las contrataciones de los despachos pequeños en tiempos complicados; además un bufete “compartido” permite compartir riesgos económicos y profesionales, lo que transmite de alguna forma una sensación de mayor seguridad. Por otro lado – y por la misma razón – la imagen de “siempre atareado” que proyectan los abogados tiende a alejar a los nuevos licenciados de los bufetes pequeños.

Para terminar de completar el panorama, la irrupción de despachos low cost está alterando las reglas de juego: cada día más clientes prefieren dirigirse a bufetes de abogados que ofrecen este tipo de servicio, sobre todo para expedientes menores – que son la mayoría. No es fácil predecir qué consecuencias ocasionará en el largo plazo.

La reflexión final es que aparentemente la profesión de la abogacía está perdiendo el glamour y el atractivo que tuvo en el pasado. Este es un problema serio ya que la justicia es uno de los pilares básicos de la democracia. Los abogados son el primer punto de contacto de los ciudadanos con la justicia. La consecuencia más grave de la degradación de la profesión de la abogacía será la degradación en la percepción de los ciudadanos de la propia democracia.

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