Legal14 abril, 2026

IA y tecnología aplicada al asesoramiento a empresas: del caos contractual al control estratégico

«El abogado debe dejar de ser reactivo y operativo y convertirse en estratégico y basado en datos» - Lorena Salamanca, de Afiens Legal SLP, en el Café Legaltech

El Café Legaltech celebrado el 25 de marzo en la sede de Wolters Kluwer en Madrid sirvió para reafirmar algo que ya es evidente en el sector: la revolución legal ocurre cuando el conocimiento jurídico se combina con la tecnología adecuada… y empieza, cómo no, con un café. En esta sesión contamos con una invitada excepcional, Lorena Salamanca, fundadora y directora de Afiens Legal SLP, quien compartió una visión honesta, directa y tremendamente práctica sobre cómo pasar “del caos contractual al control estratégico” en los departamentos jurídicos.

Desde los primeros minutos, Lorena puso el foco en una realidad que muchos profesionales reconocen: la mayoría de las empresas no sabe exactamente cuántos contratos tiene, cuáles vencen o qué riesgos están asumiendo. Como expresó con total franqueza: «Si el CEO nos pregunta cuántos contratos tenemos, la respuesta real suele ser ‘no tengo ni idea’». Ese desconocimiento no es un problema administrativo, sino un riesgo jurídico y económico de primer nivel.

Durante su intervención recordó cómo el sector lleva décadas tratando los contratos como simples documentos. Una concepción que, según afirmó, ya no se sostiene: «El problema radica en el riesgo jurídico que supone no tener el control». Para ella, el contrato debe dejar de verse como un archivo estático para convertirse en lo que realmente es: el centro del riesgo empresarial, donde se materializan relaciones con clientes, proveedores, socios, empleados o entidades financieras.

Lorena describió con precisión lo que calificó como “el caos contractual” que comparten la mayoría de organizaciones: contratos dispersos, versiones incontroladas, renovaciones automáticas que pasan desapercibidas, trazabilidad inexistente y una enorme dependencia del conocimiento individual. Como señaló con humor, pero también con crudeza: «¿Cuántos Excel hemos hecho sobre el Excel del Excel del Excel?». Ese escenario genera ansiedad, ineficiencia y una vulnerabilidad innecesaria para las compañías.

A lo largo de su trayectoria, y especialmente en su experiencia liderando procesos de modernización legal, Lorena ha aprendido que la tecnología es un habilitador imprescindible para transformar ese caos en estructura. Pero quiso dejar claro un mensaje que resonó entre los asistentes: «La tecnología no nos sustituye, nos ayuda». De hecho, advirtió con claridad que el riesgo no está en la tecnología, sino en no adoptarla: «La IA no va a sustituirnos, pero los abogados que no la utilicen sí pueden ser sustituidos por quienes sí lo hagan».

Su recorrido personal desde el Word, pasando por la automatización documental, el CLM y la actual inteligencia artificial, ilustró cómo la madurez tecnológica del sector ha avanzado capa a capa. Especialmente reveladora fue su reflexión al descubrir que muchos de los principios de la IA se apoyan en lógicas que ella ya utilizaba hace décadas: «La IA se basa en árboles de decisión, y sin saberlo llevábamos años haciéndolo de forma manual». Hoy, gracias a la IA, tareas como la comparación de contratos, la identificación de riesgos o la extracción de cláusulas se realizan en cuestión de horas en lugar de semanas.

Sin embargo, Lorena insistió en que la IA solo funciona si existe orden previo: «Una IA sin estructura no resuelve el caos». Digitalizar no es escanear; estructurar no es almacenar; y un repositorio no es una estrategia. Por eso subrayó la importancia de contar con herramientas capaces de centralizar, ordenar y convertir los contratos en datos accionables: «Lo primero es ordenar, luego entender y después decidir mejor».

En este sentido, destacó el valor de soluciones como Legisway, que combinan CLM e inteligencia artificial para ofrecer visibilidad, trazabilidad, análisis y control estratégico del universo contractual. Para la ponente, el impacto es claro: permite que el abogado evolucione hacia un rol más analítico, predictivo y estratégico: «No somos escribanos; somos analistas de riesgo y asesores estratégicos».

La sesión concluyó con una última reflexión que resume la esencia de su intervención: «Nosotros no desaparecemos, evolucionamos». Y esa evolución empieza por asumir que el contrato ya no es solo un documento: es información, es riesgo y es estrategia.

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